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Fisioterapia bajo la lluvia en la World Winners Cup

Ver a un fisioterapeuta ingresar al terreno de juego es una escena cada vez más habitual en el deporte de alto rendimiento. Sin embargo, para la mayoría de los espectadores, continúan siendo figuras invisibles que apenas cumplen con la tarea de auxiliar o suministrar agua. Detrás de cada atleta que brilla en la cancha hay un trabajo silencioso, meticuloso y constante que resulta vital para prevenir, tratar y rehabilitar lesiones, optimizando el rendimiento físico al límite.

En el marco de la reciente participación del equipo salvadoreño Garita Palmera en la World Winners Cup disputada en Alanya, Turquía, la labor del fisioterapeuta Donalds Trujillo se convirtió en un pilar fundamental para sostener al plantel frente a condiciones sumamente adversas.

A miles de kilómetros de casa, el mayor obstáculo no provino únicamente de la calidad de los rivales, muchos de ellos reforzados con figuras internacionales, sino de un factor ambiental completamente atípico para el equipo: el clima fresco y las constantes lluvias en la costa turca.

“La temperatura tuvo mucho que ver. Ellos vienen de zonas con temperaturas altas, y aquí pasó lloviendo; hicimos partidos bajo agua y les costó muchísimo entrar en calor”, detalla Trujillo.

Esta caída drástica en el termómetro, rondando entre los 14 y 16 grados centígrados, provocó que los atletas sufrieran para activar su musculatura antes de cada encuentro, disparando la aparición de dolencias músculo-tendinosas y, sobre todo, problemas en los tobillos.

A esto se sumó que la arena, al estar compactada por las precipitaciones recurrentes, exigió una sobrecarga en las articulaciones. “Tuve que estar protegiendo los tobillos de todos los jugadores constantemente”, apunta el especialista. 

No obstante, Trujillo destaca una ventaja natural del futbolista de playa. “Inconscientemente, el día a día en la arena les ha ayudado a fortalecer mucho el core, la propiocepción y la pliometría, incluso sin haber tenido una guía formal previa de calentamiento o estiramiento”, comentó.

Con una alta frecuencia de partidos y un desgaste físico monumental, el margen de error era mínimo. La mitad del plantel también tuvo que lidiar con problemas estomacales durante los primeros días debido al cambio de horario y adaptación alimentaria, situaciones que Trujillo contuvo a tiempo mediante medicación oportuna y rehidratación estricta con sueros orales para reponer electrolitos.

Para mantener a los jugadores al 100 por ciento de cara al día siguiente, el protocolo nocturno de recuperación no descansaba:  terapias de descarga muscular para mantener la activación; uso de botas de compresión y pistolas de masaje, técnicas especializadas como “cupping” (ventosas), y pautas nutricionales específicas: consumo de ensaladas de tomate (para aportar potasio), bananos (energía) y pastas.

El resultado de este esfuerzo colectivo se reflejó en la disciplina del grupo. “No se registraron lesiones complejas ni casos críticos en el plantel masculino, más allá de la prevención oportuna de cuadros gripales derivados del frío”, explicó.

Para Donalds, la relación con los jugadores trasciende el ámbito estrictamente profesional. En los momentos de tensión competitiva, la clínica se convierte también en un espacio de contención psicológica.

“Uno vive los partidos intensamente como ellos. La única diferencia es que nosotros no entramos a sudar la camisa, sino a atenderlos. A veces salen frustrados o molestos, así que también nos toca brindarles apoyo psicológico para calmarlos”, relata.

Al hacer balance de la experiencia internacional, la satisfacción es profunda. Para el fisioterapeuta, guiar a un grupo joven, humilde y sumamente disciplinado con las indicaciones de salud y nutrición ha sido una vivencia inolvidable.

“Nosotros siempre estamos detrás del telón, pero nos enorgullece inmensamente apoyarlos para que representen dignamente al país. Nos esforzamos para que den el máximo y para poner en alto el nombre de nuestra nación”, concluye.

Publicado el 31-10-2026.