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Paulina Zamora, una historia marcada por el pole dance art

Esta es la historia de Paulina “Nina” Zamora (31 años), una atleta que no se dejó vencer por las lesiones y encontró en el pole art y el fitness coreógrafo la ruta al éxito deportivo por el cual es reconocida ahora.

De pequeña era una prominente gimnasta con un gran futuro; sin embargo, las lesiones en sus rodillas la llevaron a tomar una dolorosa decisión y la empujaron a abandonar el deporte de sus amores, pero no así sus sueños de convertirse en una referente.

Años más tarde incursionó en el pole dance art, un deporte no muy conocido en el país, el cual le llevó a ganar medalla de oro panamericana y a convertirse en la mejor atleta femenina salvadoreña del año 2019.

Sus inicios y lesiones

La principal responsable que Paulina Zamora se decantara por la gimnasia fue su madre, doña Roxana Zamora, quien la llevó a su primera clase cuando la atleta solo tenía cinco años.

“Mi mamá me llevó a mi primera clase de gimnasia y me sentía como pececito en el agua. Desde el primer momento me enamoré de la gimnasia, me volví obsesiva y terca en querer mejorar y subir mi nivel. La gimnasia se volvió mi prioridad número uno, aunque siempre fui responsable en mis estudios, ya que obtuve notas arriba del promedio”, recuerda la atleta nacional que estudio de básico a bachillerato en la Escuela Americana.

Con los años, Zamora comenzó destacar en la gimnasia y cosechó algunos resultados destacados entre los que figuran: bronce en la modalidad viga durante la Copa Internacional Benito Juárez, realizada en la ciudad México, y una plata en barras asimétricas en la Copa Internacional Monja Blanca, Guatemala.

Pero cuando estaba alcanzando su punto cúspide, llegaron las molestias en sus rodillas y vio truncado su sueño de llegar a ser una atleta de alto rendimiento en esta disciplina.

“Estuve en la gimnasia diez años, pero a los 13 años me lesioné la primera vez, me rompí el ligamento cruzado de la rodilla izquierda”, quien tuvo que ser sometida a una cirugía reconstructiva y terapia que la obligaron a retirarse por un largo tiempo.

A los 14 años, Paulina regresa a los entrenamientos y, poco a poco, toma confianza hasta que vuelve a lesionarse, esta vez de su rodilla derecha, por lo que se somete a otro largo proceso de recuperación y pierde la posibilidad de clasificar a los Juegos Panamericanos de República Dominicana 2003.

Con ambas rodillas dañadas, la atleta trata de volver por tercera vez a la gimnasia, pero es rechazada para integrar la selección.

“Intenté volver una tercera vez, pero ya no me agarraron en el equipo nacional porque estaba muy lesionada. Empecé a entrenar sola en el Polideportivo de Merliot, pero me fui dando cuenta que ya no era lo mismo”, reflexiona Zamora.”Mi cuerpo ya no era lo mismo, tenía inestabilidad en ambas rodillas y tenía miedo”, reitera con tristeza.

Francia y el pole dance art

Al finalizar su bachillerato, Zamora, con 17 años, aplicó a una media beca en la Universidad de la Sorbona, de Francia, para estudiar Artes Plásticas de 2009 a 2012.

Eso sí, las cosas no fueron tan fáciles para Paulina, vivir en Europa implicaba muchos sacrificios económicos. Tuvo que trabajar de bartender de 6:00 p.m. a 6:00 a.m., descansaba un rato y luego iba a sus clases de la universidad. Durante un tiempo vivió a las afueras de París, alquilando un sofá en casa de una señora musulmana, que la obligaba a usar camisa manga larga dentro del apartamento. 

Luego se fue a vivir en el centro de París, una zona muy turística y de alta rentabilidad. Ahí alquilaba un cuarto de nueve metros cuadrados que estaba en la azotea del edificio, tenía su cama, la ducha, el escritorio, la cocina y baño compartido, describe la exgimnasta.

“A los tres meses de estar en Francia me quería regresar, mis padres me decían que me apoyaban en la decisión que tomara, pero soy muy terca y no me regresé, hubo días fríos y de soledad. Todo eso valió la pena, pues me ayudó a crecer personalmente”, dice ahora con una sonrisa.

Y sí que valió la pena, pues fue durante su estancia en territorio francés que conoció el Pole Art o Pole Sport, un deporte acrobático, que combina la gimnasia y la danza que se realiza en una barra vertical y requiere de mucha resistencia física. Además, es un deporte federado en países de Europa y en Estados Unidos, y que está siendo evaluado para ser parte de la oferta deportiva en Juegos Olímpicos.

“El deporte lo conocí cuando estudiaba en Europa, dentro del contexto deportivo, ya que anteriormente solo lo conocía desde un contexto erótico. Siempre fui gimnasta y todo lo que tenía que ver con movimiento corporal y la expresión me llamaba la atención. Soy artista y como bailarina, la curiosidad me llevó a experimentar ese deporte que mezcla todo tipo de danzas, sobre todo el contemporáneo y el lírico”, cuenta la atleta.

Y es que el Pole Art le abrió un abanico de posibilidades a Paulina. “Me emocioné tanto y pensé: puedo ser gimnasta otra vez, puedo ser acróbata, puedo ser bailarina; el menú era amplio para hacer lo que a mí me gustaba”.

Pero como toda disciplina, Zamora manifiesta que éste es un deporte muy demandante y exigente pues se requiere “agilidad, fuerza, flexibilidad, expresión artística, tener las líneas y las técnicas perfectas de un bailarín, de la exploración de la danza y del teatro”.

“Entré a la academia Pole and Dance Laurence Hilsium Academy y vi esos tubos grandes de cuatro y cinco metros de altura, con atletas que hacían acrobacias en el aire; para mí eso fue fantástico, me brillaron los ojos. A partir de ahí tomé la decisión de recibir clases de danza contemporánea y de danza aérea en un circo en las afueras de París, entre otras cosas había telas, trapecios, me envolví en ese mundo”, narra la atleta al recordar su primera experiencia en el Pole Art.

En el 2013, Paulina Zamora regresa a El Salvador y, gracias a los conocimientos básicos adquiridos en Francia, inaugura la primera escuela de Pole Artística y Deportiva llamada “Peace and Pole by Nina”. Pero consciente que aún le faltaba mucho por conocer sobre el deporte, “Nina”, como le dicen cariñosamente, aplicó en el 2014, a una beca de estudio-trabajo en New York, en una academia de danza aérea llamada Peri Capezio Center.

La beca consistía en que la atleta pagaba con trabajo voluntario sus estudios en la academia, por ello fungió como recepcionista, asistente de clases, incluso realizó la limpieza del lugar a cambio de las clases que ella quisiera, pero dicho centro no daba visa de estudiante, por lo que tuvo que aplicar a una escuela de danza contemporánea Body en Pole Peri Dance Capezio donde sí tenía esa opción y a los dos años obtuvo un diplomado.

Eso sí, para tener la visa vigente tuvo que acumular doce clases a la semana (24 horas a la semana). Un sacrificio muy grande pero bien sorteado con carácter y disciplina, dos características que definen muy bien a Paulina.

Consagración de Paulina

Después de trabajar, estudiar, entrenar y encontrarse lejos de su familia, Paulina comienza a participar en competencias oficiales de este deporte. “Mi primera competencia en el Pole Art fue en México. Luego, en 2016, me fui a vivir a Buenos Aires, Argentina y clasifiqué en un Campeonato Sudamericano, el más grande de Latinoamérica”, explica la atleta ahora enrolada sin querer en el fisicoculturismo, quien se quedó en territorio gaucho un año más para dar clases, estudiar y obtener una certificación como Elite Master Pole Instructor.

En el 2017, Zamora retoma nuevamente su escuela y, entre los horarios de sus clases y entrenos, empieza a competir en múltiples eventos internacionales de Pole Art y Pole Sport en Estados Unidos, Europa, México y Sudamérica.

Pero había algo más, ella quería definir su cuerpo con una buena asesoría nutricional y es así que llega a la Federación Salvadoreña de Fisicoculturismo en donde conoce a Fabrizzio Hernández, presidente de dicho ente, y es él quien la motiva a incursionar en el fitness coreógrafo.

“Conocí a Fabrizzio, le conté todo lo que hacía y me dijo que tenía potencial para competir en esta disciplina (fitness coreógrafo). De igual forma, me contó que se avecinaban los Juegos Panamericanos y que él podía prepararme para ir a los juegos”, recuerda la atleta.

Tras esa plática, Paulina comenzó a preguntarse si de verdad podría ir a representar a El Salvador en una competencia tan importante, ya que su mundo era la danza y el pole, no el fisicoculturismo.

“No me llamaba la atención el fisicoculturismo, pero lo que me convenció es que, como atleta, se sueña con estar en unos juegos de esa índole y, además, el 50% de mi categoría es acrobacia y baile. Me motivé y empecé a entrenar”, recuerda Paulina.

Pero adquirir ese compromiso también implicó un mayor sacrificio para la atleta, pues, a las cuatro horas de entreno de pole, gimnasia, coreografía, cardio y pesas, actividades que cataloga como “demandantes y extenuantes”.

Pero ese trabajo rindió sus frutos: el sábado 10 de agosto de 2019, Paulina Zamora gana la medalla de oro en fitness coreógrafo de los Juegos Panamericanos Lima 2019.

“Nunca se me cruzó por la mente que iba a ser fisicoculturista, jamás ni siquiera me llamaba la atención, ni tampoco sabía que existía el fitness coreográfico”, expresa la ahora mejor de esta modalidad del continente americano que tiene dos sueños a futuro: seguir compitiendo por El Salvador y abrir una academia de fitness coreográfico para desarrollar talentos deportivos.

Paulina es un ejemplo de la mujer salvadoreña perseverante, que no se detiene ante las adversidades de la vida, sin duda su medalla de oro panamericana es un digno reconocimiento a su constancia y determinación. “Tengo para dar más”, subraya la destacada atleta que a finales del año pasado fue condecorada con la Espiga Dorada como la mejor del año 2019.

Publicado el 23-01-2020.

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