Guerrera. Así define doña María Yessica Linares a su hija Rebeca Duarte, atleta que en poco tiempo se ha convertido en la máxima figura salvadoreña de la boccia, al posicionarse uno de América y cinco en el ranking mundial de la especialidad.
Rebeca Duarte práctica boccia desde finales de 2016 y es la primera en mostrar sorpresa al relatar cómo este deporte paralímpico le cambió la vida. Ella nunca imaginó ocupar la casilla número cinco en el ranking de la Federación Internacional Deportiva de Boccia (BISFed) y agregar a su hoja deportiva el título de campeona invicta de la clase BC2 del World Boccia Regional Championships en Sao Paolo, Brasil, el cual logró en diciembre del año pasado.
“A veces no me la creo, fue bien rápido todo, sí esperaba este logro pero no tan pronto. Ser la número cinco del mundo es algo sorprendente y me enorgullece poder representar a El Salvador”, explica con entusiasmo y orgullo Rebeca Dayana.


Cada medalla o participación es interpretada como un premio al esfuerzo y valentía de la paratleta de 19 años de edad, quien se ha consagrado como una figura del deporte paralímpico nacional y un ejemplo de superación.
“Desde chiquita tenía un potencial fuerte, ha tenido un carácter fuerte y guerrero. Es un verdadero orgullo y es algo que no me lo explico, pero esto viene de parte de Dios y del esfuerzo de mi hija”, comenta María Yessica, una mujer 45 años, quien carga con todas las responsabilidades de su hogar, en el Caserío El Desagüe, Metapán.
Hace 19 años, cuando los médicos le diagnosticaron parálisis cerebral a Rebeca, doña María explica que encararon la vida de manera diferente, pero siempre con el coraje de salir adelante.
“Ella se crió sentadita, yo tuve muchas complicaciones con mi embarazo, me dijeron que mi hija iba nacer por cesárea y a los tres meses vi que ella no ponía bien sus pies, la llevé de regreso al hospital y le diagnosticaron parálisis cerebral”, recordó María Yessica.

Después del diagnóstico, la madre de familia viajaba con su hija desde el Caserío El Desagüe hasta el Hospital de Metapán y luego a Santa Ana, donde llegaba el microbús del Instituto Salvadoreño de Rehabilitación Integral (ISRI).
“Me preparaba cinco panes, un huevo y los rellenaba, llevaba agua y todo eso lo metía en la mochila cuando íbamos a terapia. Eran para que ella comiera en el transcurso del día, porque una madre desea darle lo mejor a sus hijos”, recordó María Yessica.
Además de una guerrera, María Yessica ve en Rebeca una fuente de inspiración. “Yo la admiro mucho a ella, porque es una niña muy valiente y hemos pasado las tormentas de la vida y ella me hace sacar fuerzas”, expresa la madre de la número uno del continente.
CAMINO DIFÍCIL
Rebeca, su madre y sus dos hermanos, Gerson y Nohemi, residen en el Caserío El Desagüe en Metapán, desde donde la paratleta se traslada los fines de semana para sus entrenamientos o cuando toca ir a competencias.
La casa de Rebeca está a pocos minutos del Lago de Güija y para trasladarse de allí, su madre debe cargarla en brazos y caminar unos 45 minutos para llegar a la calle principal, donde abordan el autobús hacia Santa Ana.
“Era bastante difícil ir a los entrenamientos porque la carretera está bien lejos, mi mamá me cargaba y se iba caminando para abordar el bus que sale a las 6:00 de la mañana. Antes no había calle, era un callejón con bastantes piedras y con las lluvias se ponía feo”, relata la paratleta al comentar sobre cómo iniciaba el viaje desde su casa.


Cuando comenzó a practicar boccia, el viaje era casi a diario, pero una de las alternativas de la entrenadora Alicia de Villalta fue llevar a Rebeca a su casa en Santa Ana durante la semana para evitar que su atleta viajara todos los días.
La imagen de doña María con su hija Rebeca en brazos es una escena que se repite cada fin de semana cuando Rebeca regresa de los entrenamientos o cuando retorna de alguna competencia nacional o internacional. El camino no está pavimentado y su madre debe cruzar tramos de superficie rocosa, árida y polvosa, durante el verano y cambia a lodosa en el invierno.
“Hago de 40 a 45 minutos caminando hasta la calle principal, la voy a dejar a la casa de la entrenadora. La llevo a ella después de que termino de hacer las tortillas. Hay personas que son cordiales cuando nos subimos al bus, me dan el asiento y a otras les da igual. Cuando nos ven con la silla de ruedas algunos motoristas no paran, por eso siempre viajo con ella chineadita”, explica la señora.
Doña María es quien carga con todas las responsabilidades del hogar y su principal fuente de ingreso es la venta de tortillas, actividad que desempeña desde hace 10 años.
“Han sido muchas tormentas duras y una de estas fue cuando me separé de mi esposo y me tocó vivir sola con mis tres hijos en 2012. No ha sido fácil y hemos estado luchando por salir adelante. A veces me siento derrotada pero Rebeca me anima a ser fuerte, ella me dice que va a trabajar y la vida nos va a cambiar”, expresa la madre de la atleta.

María Yessica elabora unas 200 tortillas al día. “Busqué empleo cuando me quedé sola con mis hijos, pero en ninguna parte se me abrieron las puertas y yo tenía que ser papá y mamá a la vez. Mi abuelita me enseñó a hacer las tortillas y dije voy a empezar a hacer para vender. Doy 20 tortillas por el dólar y vendo unos 10 dólares diarios. Solo vendo en el almuerzo y en las tardes me dedico a cuidar a mis hijos”, relata.
ESFUERZO Y LOGROS
Varios trofeos en la sala de su casa y las medallas colgadas en una de las paredes de su dormitorio son el fruto palpable del esfuerzo de Rebeca Duarte en cada entrenamiento y en cada competencia de boccia.
Rebeca asegura que su fuente de motivación son su madre, sus hermanos, Gerson y Mimi, y que gracias a ellos mantiene intacto el deseo de superación.
“Mis hermanos son mi motivación, espero llevarlos de aquí para Santa Ana y darles una mejor vida, porque aquí es bastante difícil la situación. Ellos saben que yo los quiero mucho y yo me esfuerzo por ellos”, enfatiza Rebeca.


Rebeca culminó el año pasado el bachillerato general, el cual cursó bajo la modalidad a distancia en el Instituto Nacional de Santa Ana (INSA) y toca puertas para poder comenzar sus estudios universitarios.
Tokio, Japón, es una de las ciudades que Rebeca ha conocido gracias a la boccia y a la que le gustaría volver, incluso para vivir, por la hospitalidad y accesibilidad hacia las personas con discapacidad. También compitió en eventos en Argentina, Perú, Brasil, Guatemala y Nicaragua.


“Hemos sido un equipo que nos hemos acoplado muy bien, la verdad que no estaríamos hasta dónde está Rebeca si no fuera por su perseverancia y sus ganas de salir adelante. Ella es un ejemplo y es motivación para sus hermanos”, dijo Alicia de Villalta, entrenadora de Rebeca.
En 2022, Rebeca Duarte tendrá como retos deportivos importantes la participación en el Circuito Mundial en Portugal (julio) y el Campeonato Mundial de Boccia en Río de Janeiro, Brasil, a finales del año.