Cuando Uriel Canjura tenía nueve años y comenzó a practicar bádminton en el patio de tierra de su casa, ubicada en el municipio de Suchitoto, Cuscatlán, nunca se imaginó que, 12 años más tarde, estaría haciendo historia en Cali, Colombia.
Hoy, a sus 21 años, Canjura escribió su nombre en el libro del deporte salvadoreño al ganar medalla de plata individual y plata en doble mixto, junto a Fátima Centeno, en los I Juegos Panamericanos Junior Cali-Valle 2021.
“Ha sido un largo recorrido. Inicié jugando en la cancha de tierra y han pasado muchos años de sufrimiento, de entrenos, levantarse temprano, pero ahora me siento feliz con este resultado”, expresó Canjura luego de perder 0-2 (8-21 y 6-21) ante el canadiense Brian Yang en la final individual de bádminton.
Eso sí, la derrotó puede parecer abultada; sin embargo, el atleta fue sincero al decir que físicamente no se sentía al cien por ciento para la final individual, pero aún así dio su máximo esfuerzo.
“Fue un partido muy cansado y exigente. Físicamente ya no estaba al cien por ciento, me sentía cansado porque ayer (domingo) jugué partidos largos”, dijo el doble medallista de plata.
Y no solo eso, Canjura también disputó hoy, junto a Fátima Centeno, la final de doble mixto que terminaron perdiendo 2-0 (13-21 y 14-21) ante los canadienses Brian Yang y Rachel Chan.
“Tenía muchas ganas de jugar. Siento que di todo y hay que felicitar al rival que dio un buen partido”, comentó el atleta que solo tuvo una hora de descanso entre ambas finales.
Sobre la hazaña de ganar dos platas en la justa panamericana, Uriel dijo sentirse muy feliz, ya que no había caído en cuenta de lo que había logrado para el país.
Sus inicios
“Mi padrastro (Antonio Ardón) llevó a la casa unas raquetas y unos volantes al patio de la casa y me sorprendí al verlos y quería saber cómo era el deporte. Él estaba a cargo del club de la zona y tuvo la idea de poner una net en el patio, marcó la cancha en la tierra y ese fue nuestro espacio. Mis amigos y yo jugábamos los sábados por diversión, así empecé”, recuerda Canjura.
El nacional dice que su primera experiencia fue agridulce porque todos los niños le ganaron y fue algo muy triste. “Salí llorando detrás de mi mami y le dije que no pararía hasta llegar a ser el número uno de El Salvador, y así fue”.
Luego vinieron las competencias internacionales. Su primera clasificación a un evento fuera del país fue a los 10 años, en un panamericano en República Dominicana, donde logró un bronce en dobles junto a William Chuang.
Este triunfo marcó la carrera deportiva de Uriel y ahora es uno de los mejores deportistas tanto a nivel nacional como internacional en el mundo del bádminton.
En su haber deportivo cuenta con más de 200 medallas entre oro, plata y bronce. Ha representado a El Salvador en más de 25 países en todo el mundo. En su registro de países visitados están Guatemala, Costa Rica, Perú, Colombia, Brasil, Argentina, Canadá, México, República Dominicana, Jamaica, Indonesia, Hungría, España, Alemania, Irlanda, Dinamarca, Polonia, Italia y Suecia, entre otros.
Un talento de importación
Pero que Canjura se haya colgado dos medallas plata no es producto de la casualidad, ya que el talento nato del atleta nacional lo ha llevado no solo a ganar títulos, sino que también a jugar en el extranjero.
Es así que desde 2019, Uriel milita en las filas del Club de Bádminton Oviedo, España, con el cual el fin de semana anterior se consagró campeón de la División de Honor de la Top8 LaLiga Sport 2020-2021, tras derrotar en la serie final al Club Bádminton Pitius.
La llegada del salvadoreño al Oviedo se concretó luego de que realizara un circuito de competencias en Europa las cuales eran clasificatorias a los Juegos Olímpicos de la Juventud Buenos Aires 2018.
Llegó a Oviedo, compitió y conoció a los entrenadores y parte del equipo. En una oportunidad les expresó la idea de entrenar en ese club y quedaron de notificarle posteriormente.
“Yo estaba decidido y en ese año (2019) conversé con algunos de ellos, y también quería estudiar en España. No podía costear el viaje, la federación no tenía en ese momento, así que encontré una persona que me ayudó y patrocinó el boleto, que era lo más caro. La federación me ayudó con parte de la alimentación y utilicé de mis ahorros”, recuerda el badmintonista.
Para sorpresa, luego del viaje esperó un mes para obtener una respuesta y así fue como entró a las filas del club.
“El deporte abre puertas. Motivo a los niños y jóvenes a practicar cualquier disciplina”, reflexiona el atleta quien, tras ganar su doblete de plata en Cali, fue solicitado por varios voluntarios para tomarse fotografías.
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