La Clínica Deportiva, organizada por Beach Soccer Foundation y el Instituto Nacional de los Deportes de El Salvador (INDES), en el marco de la Americas Winners Cup 2025, fue el escenario de un emotivo reencuentro que llenó de felicidad a Adrián Pineda, un joven con autismo. Pineda, miembro de la Escuela de Educación Especial de San Jacinto, pudo reunirse con Mindy Arias, jugadora costarricense del equipo Zarcero.
Es importante recordar que, en la clínica realizada en 2024, Pineda ya había coincidido con Arias. En esa ocasión, la jugadora se tomó el tiempo de compartir con el entonces pequeño de 8 años, brindándole tranquilidad y seguridad para que disfrutara del convivio preparado por la escuela y los organizadores del evento deportivo.
Arias expresó que el volver a encontrarse con Adrián fue un momento de gran emoción. “Llegamos al estadio y al ingreso, Adrián me reconoció de la clínica del año pasado; es lindo ver la conexión que tenemos y me alegra volver a verlo. En esta oportunidad, veo que él ahora está más seguro y se ha permitido jugar más”, dijo la jugadora.
Para la costarricense, estar de nuevo en esta actividad, y más aún, encontrarse con Adrián, tuvo un gran significado, a pesar de la discapacidad intelectual del joven.“Significa muchísimo el participar de esta clínica; nos permite ver la parte humana y acercarnos a aquellos que necesitan un momento de esparcimiento. Para mí es un honor realmente poder otra vez compartir con él (Adrián) porque la vez pasada fue muy lindo conmigo y sé que para ellos es relevante”, dijo Mindy.
El aprendizaje que le dejó esta segunda oportunidad de compartir con el estudiante de la Escuela de Educación Especial de San Jacinto es un instante que le ha marcado la vida.
“Empatía es lo que se tiene que tener con las familias y las personas que padecen de una discapacidad intelectual, porque en algún momento puede ser algún familiar de uno. Yo he aprendido mucho de Adrián, sobre su manera de comportarse y sus necesidades”, expresó la jugadora tica.
El evento también brindó alegría a otras familias, como la de Rodrigo, un niño de ocho años con síndrome de Down. Su madre, Azucena García, expresó que, aunque no les habían dado muchos detalles de la actividad, la disfrutaron enormemente.
“No me imaginaba que fuera tan bonito, porque la maestra solo me había dicho que habían escogido unos niños para venir y que si lo podía traer, y yo, cuando son actividades de este tipo, lo traigo para que se distraiga”, afirmó García.
Para Rodrigo, esta fue una experiencia única, ya que por primera vez en su vida tuvo contacto con la arena.
“Rodrigo es la primera vez que toca la arena y está súper emocionado, igual que mi esposo, la cuñada y yo. Verlo correr y disfrutando de esta nueva experiencia es bien bonito, ver cómo lo toman en cuenta”, comentó la madre.




