Para Kim Villalobos, el baloncesto ha sido más que un deporte; ha sido el escenario donde ha construido su historia, llena de pasión, logros y momentos inolvidables. Gracias a él, obtuvo una beca universitaria y dejó su huella en el baloncesto salvadoreño. El pasado 22 de marzo hizo historia al convertirse en la primera jugadora salvadoreña en disputar un partido en el prestigioso “March Madness”.
Este torneo universitario de la NCAA define al campeón estatal del año. Para llegar a la primera ronda, donde su equipo, San Diego State University (SDSU), cayó ante LSU (48-103), tuvieron que coronarse campeonas de su conferencia en un emocionante partido que se definió en tres tiempos extras contra Wyoming (72-68). SDSU llevaba 13 años sin clasificar al “March Madness”, por lo que su participación fue un logro extraordinario. En ese partido histórico, Kim rozó el doble-doble con 11 puntos y 9 rebotes.
“La mayor oportunidad para exponer mis habilidades”, así describe su experiencia en el “March Madness”, una vitrina donde pudo medirse con las mejores. Representar a El Salvador, el país de su padre, no fue solo un honor, sino una conexión profunda con sus raíces. “Me siento muy salvadoreña”, afirma con orgullo. Aunque nació en Los Ángeles, Estados Unidos, su padre es originario de la Isla Meanguera del Golfo, La Unión, El Salvador, y su madre de Michoacán, México. Sin embargo, eligió representar los colores azul y blanco.
Nada ha sido fácil en su carrera. El baloncesto le ha enseñado disciplina, entrega y resiliencia. “Mantenerme saludable fue la clave”, dice, recordando cómo aprendió a jugar con el dolor y a soportar el desgaste físico sin perder el enfoque. “Siempre sentía dolores, pero con el tiempo aprendí a manejarlos y a jugar con ellos”, confiesa.
Las estadísticas hablan, pero nunca fueron su prioridad. “Los números se acumulan, pero lo importante siempre fue el equipo”, recalca, dejando claro que su mentalidad siempre ha sido colectiva. Su esfuerzo y dedicación la llevaron naturalmente a la selección nacional. “Sacrifiqué muchas cosas, sobre todo disciplina, pero valió la pena”, expresa con convicción.
El futuro es incierto, pero está lleno de oportunidades. Kim tiene invitaciones para realizar “training camps” con tres equipos de la WNBA, lo que podría abrirle las puertas al “draft” y a la prestigiosa liga estadounidense. Sin embargo, también tiene otro objetivo. “Tengo previsto participar con tres equipos de la WNBA y de ahí escogen para el ‘draft’, pero mi idea es ir y agarrar experiencia. Ahorita mi mentalidad es jugar en Europa para exponerme a nuevas oportunidades”, enfatiza.
Además, tiene claro que el baloncesto no es su única pasión. Se graduó en Trabajo Social con especialización en salud, enfocándose en el apoyo a personas mayores en situaciones de abandono. “Mi especialidad es ayudar a las personas mayores que están solas y en riesgo, especialmente cuando sus propios hijos intentan despojarlos de su patrimonio mediante engaños o firmas fraudulentas”, explica con determinación.
Detrás de cada logro de Kim hay una figura clave: su padre. Su mayor fan, su crítico más honesto y su apoyo incondicional. “Siempre me apoya en todo momento, sobre todo con las llamadas de atención después de cada partido”, dice entre risas. Su sacrificio ha sido inmenso. En una ocasión, manejó 12 horas de ida y casi 24 de regreso bajo una nevada solo para verla jugar. Durante cinco años, viajó de Los Ángeles a San Diego sin perderse un solo partido, sin importar que a veces el trayecto tomara hasta cinco horas. “Volvería a hacerlo una y otra vez”, asegura Enock Villalobos.
Kim descubrió su amor por el baloncesto desde niña. Aunque probó otros deportes como fútbol y béisbol, a los 12 años decidió seguir los pasos de su padre y hermanos en el baloncesto. Desde entonces, cada partido y cada sacrificio han sido parte de su historia.
Su futuro aún está por escribirse, pero algo es seguro: su pasión, esfuerzo y determinación la llevarán lejos.